REGRESO A LAS UVAS
Tradicionalmente con la llegada de septiembre es el momento de la recogida de uvas que componen diariamente la dieta mediterránea como punto final a una comida, como picoteo a media tarde o como parte del desayuno de aquellos más comprometidos con los buenos hábitos alimenticios.
Los tipos de uvas son fundamentalmente 3: uvas blancas, uvas rojas o uvas negras. Y a partir de ahí todas las que queramos con o sin pepitas y sus decenas de variedades, que siempre han sido elegidas por artistas utilizándolas para armar apetitosas composiciones de bodegones con frutas. (vean: “Cuatro racimos de uvas” que el extremeño Juan Fernández, apodado el Labrador, pintó por allá en el 1630 y se exhibe en el museo del Prado, que están para comérselas).
Como sabemos las uvas tienen grandes beneficios para la salud, por su cantidad de nutrientes, que les da la capacidad de prevenir muchas enfermedades peligrosas como diabetes, Alzheimer y cáncer. Sin embargo, son saludables siempre y cuando se coman con moderación, ya que consumirlas demasiado puede causar algunos efectos secundarios como provocar una reacción alérgica. Esta es una de las consecuencias más graves y raras, a veces en algunas personas el comer una sola uva produce dificultad para respirar, urticaria y estornudos. Pero afortunadamente por otro lado, las uvas nos dan fibras dietéticas que hacen que nuestro estómago se sienta lleno durante más tiempo, y así no hay necesidad de estar comiendo a toda hora. Pero como todo en la vida el exceso puede provocar incómodas diarreas.
Ahora mismo cuando escribo estas líneas es noviembre y entrando poco a poco en el invierno alemán he vuelto a comerlas, sintiendo que, al pintar, escribir o simplemente pensar, la sangre me arde de frescura, los pinceles me calientan las manos como si fuesen leña encendida y así van saliendo mis nuevos trabajos a golpe de uva blanca algo amarillenta que ha endulzado totalmente de sabor desde aquella amarga que en su día consumí.











