La ventana sucia

Si tuviese inclinación por los paisajes, jardines, naturalezas vivas o muertas, la ventana de mi habitación sería ideal por los motivos que tengo en frente, tiene un fallo de fabricación que entre los dos vidrios en algún momento entro humedad quedando para siempre algunas manchas imposibles de limpiarlas, pero aquel defecto permite que la visión hacia el jardín tenga atmósfera de estar hecha a pinceladas que lo más probable Cézanne, Renoir y Monet no lo verían con malos ojos. Eso sucede cuando precisas filtrar, interpretar a la realidad, también lo es con las personas, pero en ese caso no para diluir la imagen, sino que indagar su alma, sacar a la luz lo que a simple vista es imposible observar. Los impresionistas metían bisturí a los amaneceres, atardeceres, avenidas, ríos, mares, puentes, barcas, bailes, bares, salones, prostíbulos, rostros, desnudos etc. sus talleres eran móviles desde tempranísimas excursiones con el caballete amarrado a la espalda en plan de solitarios guerrilleros pisando lodo y buscando senderos como felices niños hasta atrapar aquella deseada luz que a medida transcurrían las horas y cambiaba su dirección iban apareciendo decenas de cuadros. Nosotros los sedentarios, los de pintar a cualquier hora incluso en la madrugada sin más luz que una colgada estática y escuálida  bombilla tenemos la excusa que los colores e imaginería están en nuestra cabeza y no necesitamos buscar ningún tipo de amanecer o atardecer siendo una pérdida de tiempo, (cosa que no deja de ser cierta), pero también es verdad que así ocultamos nuestra pereza evitando aquel saludable acto de respirar aire puro desde temprana hora metido en la naturaleza, tendencia que sucedió como rebeldía  a finales del siglo diecinueve contra el aburguesado romanticismo de sus excluyentes  salones parisino.

Pero en todo caso, volviendo a este tóxico siglo,  saco igual utilidad a mi imprecisa y opaca ventana imaginando escrituras mezcladas con polen o algunos otros extraños organismos flotantes no visibles. Aprovecho decirles que las escrituras siempre me han fascinado desde los inicios de nuestras civilizaciones sobre todo aquellas que aún no hemos podido descifrar, además, qué más da si seguimos siendo cavernícolas. En cuanto a la genética y mundo biológico no lo sé, probablemente tengo un instinto natural de médico que obedece más que nada a estos manierismos que la vida a golpe nos enseña en el diario afán de sobrevivir sucediendo lo de siempre, la razón metida en la sensibilidad, cosa que sin darnos cuenta nos infringimos normas y patrones de sí mismo, pero afortunadamente existen estas sucias ventanas imposible de limpiar haciendo replantear una y otra vez nuestra visión de las alteradas y confusas realidades.