LA PARTIDA DEL ANGEL

Me siento frente a la tela que quedó desde el 8 de abril, pero sigue en blanco y no logro ver nada, absolutamente nada. Ansío trabajar sin sentirme desfallecido, pero aquí me tienen con el dolor aplastándome el pecho. La mujer que siempre he amado y amaré durante el silencio de lo cotidiano ha partido dejando un terrible desierto en lo que queda de vida, se fue cubierta de girasoles y limones con un libro apegado a su pecho, da igual cual, eran los objetos más preciados en su vida. Me ha costado un mes escribir estas líneas y me sigue costando, pero siento un deber romper el silencio, aunque el dolor impide cualquier razonamiento. Quisiera ser poeta y llorar miles de versos a destajo sobre ella, pero me encuentro vacío, me duele incluso pronunciar su nombre, me duele mirar su espacio y mirar lo que ella miraba, quizás el eco de sonatas y polonesas que eran suyas me volverán a alimentar el alma en esta negra primavera.