Es curioso la denominación que se la ha dado en la historia del arte a una cantidad de frutas sobre la mesa o dentro de una bandeja como naturaleza muerta, o bodegones en el caso de objetos hecho por el hombre. Los holandeses que fueron sus iniciadores le llamaban en su idioma naturaleza quieta o inmóvil, pero sucedió lo de siempre en las traducciones intencionadamente mal hechas desde los tiempos bíblicos.
Como saben, este recurrente motivo nunca ha tenido mi entusiasmo, por lo tanto, se extrañarán que curiosamente trabajase en ello los últimos días del año pasado. Lo tomé como un accesorio de pensamientos y porque no decirlo de una belleza concreta, o un primitivo pretexto de sensación arrinconada, ¿pero muerta? ¡eso jamás!, además no he tenido ningún propósito de arrastrar teoría alguna, tan solo registrar composiciones hacia una especial naturaleza en un estado necesario en la vida y vaya que si necesarias como la manzana misma o el deleitoso maduro higo y tantas otras placenteras delicias que esperan bondadosamente seguir viviendo y mutándose en nuestro organismo.



